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Diario YA


 

en la segunda parte de nuestra entrevista, el historiador repasa el origen de españa

García de Cortázar: "Es a partir del siglo XIX cuando podemos hablar de nación española"

Rafael Nieto. 26 de febrero.

Después de su dura crítica a los nacionalismos, nuestra entrevista con el historiador Fernando García de Cortázar discurre por otros importantes vericuetos: el origen de la nación española, el valor del levantamiento popular de 1808 y la preocupante desconsideración con que los sistemas educativos autonómicos tratan la Historia de España.

Hablemos de la Guerra de la Independencia, un acontecimiento que ha dado lugar a una polémica historiográfica sobre dónde debemos situar, cronológicamente hablando, el nacimiento de la nación española. Hay historiadores que tienen claro que España nace como nación en la época de los Reyes Católicos, incluso algunos que llevan ese comienzo hasta Recaredo, ¿cuál es su posición al respecto?

Ah, no, yo soy rotundo en eso, yo creo que es a partir del siglo XIX cuando podemos hablar de nación española. No quita, y esto que quede bien claro, para decir y afirmar que a partir de los Reyes Católicos existe, como pionero en Europa, un estado moderno que se va a ir cohesionando poco a poco, pero el sentido nacional que implica emoción, sentimiento, etc., yo creo que es ciertamente un fenómeno de finales del XVIII y concretamente en España, del XIX. Es decir, es en la Revolución Francesa cuando se grita: “¡Vive la nation!”, ¡viva la nación!, entonces este concepto nacional, que es un concepto revolucionario frente a una sociedad absolutista, es la nación la que me da derechos no mi condición de clero, o de aristocracia, o de tercer estado, eso es radicalmente moderno y eso no se puede poner, yo entiendo, en el siglo XVIII. Lo que sí quiero decir es que esta nación nuestra, que en buena medida afirma sus raíces en la Historia, no puede olvidar que efectivamente somos hijos de Roma, somos hijos de los godos, somos menos hijos de los árabes (en eso habría que insistir…, nos han dejado muchísimas menos cosas que las que nos dejó Roma) y que eso también pertenece a la historia de la nación española. Por tanto, podemos hablar de España, de un Estado que se va a cohesionar a partir de los Reyes Católicos con grandes manifestaciones de esa cohesión y de esa centralización a partir del siglo XVIII con los Borbones, la nueva dinastía que se instaura en España después de los Habsburgo, pero pienso que la idea de nación sólo se puede hablar después de Napoleón, y esto para mí no tiene ninguna duda desde el punto de vista de la ciencia política. Otra cosa es que la idea de nación, que a veces se utiliza en otro sentido, tenía más que ver con el “terruño”, con la patria chica. Otra cosa es que ya existen manifestaciones de lo que va a ser la nación, eso es clarísimo, no se inventa en Cádiz, lógicamente; el hecho de que haya una guerra de la independencia está demostrando ya el carácter proto-nacional de España, cosa que no ocurre ni en Alemania ni en ningún otro sitio. Napoleón se dio cuenta de que esto era distinto…, aquí ya había un empaste, una cohesión, que sería una cohesión nacional. Desde la época de los ilustrados se hace ese trasvase, y se habla de un patriotismo de la nación, de lo que sería el Estado, no de un patriotismo de la patria pequeña, del terruño. Para mí eso no admite duda.

 

En cuanto al levantamiento popular que se produjo el 2 de mayo de 1808, también es un asunto controvertido, ya que algunos autores hablan de un movimiento generalizado, mientras que otros son más específicos al hablar de clases sociales y personajes representativos de un tipo muy concreto de ciudadanos, ¿qué piensa al respecto?

 

Yo creo que tiene bastante de espontáneo y de popular. Claro, nunca se puede dar químicamente puro, tenía que haber una cierta dirección del movimiento, pero yo entiendo que es un movimiento de clases populares y de clases medias, de clases medias militares, no son altos mandos sino capitanes los que se levantan, y en eso habría que insistir, porque las instituciones estaban amparando a los franceses, y amordazadas por ellos. Yo entiendo que sí, y aunque sea como metáfora sirve. Y de hecho, el carácter proto-nacional de la guerra se ve claramente en el hecho de la guerrilla, que es un fenómeno importantísimo, numerosísimo, y tenemos multitud de datos, incluso de los observadores franceses que decían que cada vez había más guerrilleros. Esa guerrilla no se podía haber mantenido sin el apoyo popular. Curiosamente, un lugar donde tomó una fuerza especial la guerrilla fue en el País Vasco, y es en el País Vasco donde menos se está celebrando el bicentenario de la Guerra de la Independencia, así como en Cataluña. Una de las gestas de la Guerra de la Independencia es la Batalla de Vitoria, a la que puso música Beethoven, y en cambio el Gobierno vasco no tiene ningún interés en celebrar esto hecho que, en buena medida, refuta toda su teoría nacionalista. Realmente, estaba ya refutada por el propio Sabino Arana que, en un momento, cuando se pone a escribir dice: “Cuando me pongo a escribir de mi pueblo, me echo a temblar”, porque nada de lo que hicieron viene a apoyar su proyecto independentista. Él era consciente de que todo lo que habían hecho los vizcaínos no colaboraba con su idea de separación, de enfrentamiento a Castilla, todo lo contrario. Si Vd. ve las cartas de Elcano, él firmaba como “un castellano de Guipúzcoa”.

 

¿Qué importancia tiene el conocimiento de la Historia, de España y Universal, en este momento de la sociedad mundial en que parece que el conocimiento ha perdido todo valor por culpa del relativismo?

 

Me parece un ejercicio de sano relativismo, y subrayo lo de “sano”, porque hay un relativismo malsano, enfermo y morboso, de poner lo absoluto en lo que es absoluto y lo relativo en lo que es relativo. El interés por la Historia es global, pero donde más se manipula la Historia es, sin duda, aquí en España. Está muy presente la Historia porque el presenta la manipula, es una Historia manipulada. No deja de sorprender que en algunos estatutos ya consagrados se aluda a situaciones de la Edad Media, cuando la Constitución no tiene que ver nada con la Edad Media, también tienen que ver con la nación, que es la que genera los derechos. Si realmente se ha hecho famosa en España la expresión de los “derechos históricos”, que a mí me sobrecoge, es inexplicable porque la Historia no da derechos, lo que da derechos son las constituciones que los españoles concretos, de una época determinada, nos tratamos de dar. Si la Historia diera derechos, serían los derechos de los muertos sobre los vivos. ¿Qué derechos tienen los muertos, el pasado, para influir en mi presente? Estas ideas se nos cuelan sin aduana, y después cuesta desmontarlas y la gente las utiliza como una especie de latiguillos. Lo que da los derechos somos nosotros a través de los mecanismos constitucionales, pero eso hace que nosotros busquemos derechos para una situación concreta en la Historia, y en situaciones que no tienen que ver nada con la Historia. Pretender que el País Vasco tiene unos derechos, o Cataluña, y se hace una extrapolación en el caso catalán de derechos que tenían algunas minorías en un momento determinado de la Historia para trasvasarlas a un colectivo amplio y numeroso, me parece una barbaridad. En el resto de Europa no se da esa diferencia. Por otro lado, hay una frase que escribió Ortega: “Los nacionalistas y los tradicionalistas (no hay que olvidar que los nacionalistas son una tradición de esta gran familia tradicionalista) no ama verdaderamente el pasado, porque lo que quieren es que el pasado sea presente, hay que amar el pasado pero dejándolo en el pasado”. Ahora está ocurriendo mucho eso, tratan de hacer revivir el pasado, convenientemente maquillado y manipulado, y siempre para obtener ventajas para la separación y la diferencia. El problema no es sólo la corrupción de la Historia, es también la corrupción del lenguaje, el reblandecimiento del cerebro, y como digo, esta gran manipulación del léxico al que asistimos en cuarenta mil manifestaciones. El diálogo se convierte en negociación, la idea de los derechos individuales está aplastada frente a los colectivos, no digamos del idioma…, no puede ser mi idioma si yo no lo hablo. Nunca podemos decir que el vascuence es el idioma de los actuales ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca cuando no lo hablan. Qué idioma tan llamativo que no es tu propio idioma. Por tanto, son mecanismos que están muy presentes en la sociedad, porque la capacidad de contaminación de los nacionalismos ha sido muy fuerte, y además protegidos por una izquierda, y por unos intelectuales, que no han sabido poner las cosas en su sitio, y no se han dado cuenta de la capacidad destructora que tienen de la idea de libertad. Yo creo que los nacionalismos no hubieran tenido un gran recorrido en España si no los hubiera apoyado una izquierda totalmente desorientada que ha perdido muchas señas de identidad desde 1989, tras la caída del muro de Berlín, y que trata de no perder comba adoptando nombres y emblemas y liturgias nacionalistas.

 

Quisiera preguntarle también por el hecho, inexplicable, de que treinta y tantos años después de la muerte de Franco, el anterior Jefe de Estado siga estando en la actualidad diaria, es decir, ¿qué explicación tiene que ese hecho no está ya superado por la sociedad española?

 

Primero, creo que lo que existe es una falta radical de cultura política y de actitudes políticas, y el franquismo lo están alargando sus principales detractores. Y los grandes beneficiados de esto siempre son los nacionalistas, sobre todo los beneficiados de los dos grandes partidos que deberían tener una gran idea nacional y cuidar muchísimo más sus expresiones. ¿Por qué yo no puedo decir “soy español” sin que se me asigne a mi condición de español una de las corrientes antidemocráticas, tradicionalistas, y no a una idea liberal de España, como hay multitud de ideas que han podido ser así? Ese es el triunfo del nacionalismo, y cuando lo hacen Izquierda Unida y el PSOE deberían saber eso. Los nacionalistas han conseguido que en el imaginario de muchos españoles, o de algunos españoles, y que les sale espontáneamente, la idea de España sea no la idea que pueden tener, la gran ilustración, o el gran pensamiento de Francisco de Vitoria, o de Suárez, o de los grandes creadores del Derecho Internacional, o del reformismo liberal, etc., sino que es la Inquisición, la Dictadura de Primo de Rivera y Franco. Me parece una barbaridad, y en el fondo, digamos la cosa claramente: es falta de cultura, no haber leído a los clásicos españoles, no haber leído la Historia, y teniéndolo mucho más cerca, la gran Generación del ´98 que se duele de España, lo hace no inflando el pecho ni con el brazo en alto, sino con ese dolor que ojala tuvieran respecto de sus regiones los nacionalistas. Pero como no existe ninguna autocrítica ni ese voluntarismo, sino que todo es construir cada día su nación, nos llamarán franquistas, nos llamarán lo que sea, porque todo contribuye a esa idea de que como España es el gran enemigo de los nacionalistas, la forma de ejemplarizar a ese gran enemigo es con esa referencia histórica completamente absurda que es llamar franquista a los que creemos en ella.

 

No quisiera terminar esta entrevista con usted sin preguntarle por su último libro.

 

Se titula “Breve historia de la cultura en España”, porque yo siempre he tenido esa vocación literaria y cultural, he tenido esa preocupación presente en todos mis libros por lo literario, por lo cultural, y en este libro he tratado de plasmar lo que hay que saber de la cultura en España. Yo mismo la he ido convirtiendo, por mi interés literario, y mi deseo de montar un discurso bello, bonito, más allá de nombres, intenté hacer pasar esta cultura por 22 ciudades españolas. Por tanto es una mezcla de breviario cultural, con los nombres que son importantes en la cultura literaria, plástica, pictórica, arquitectónica, del pensamiento filosófico y religioso, y al mismo tiempo una guía de viajes para seguir amando las ciudades españolas, que también son la gran palanca de la Historia. A mí me llamó la atención una vez que dando una conferencia a catedráticos de instituto, yo cité a Gracián, y uno de los catedráticos me dijo al terminar que Gracián ya no estaba en el bachillerato, es decir, los alumnos no saben quién es Gracián. Me dolió tanto que pensé que con mi libro, que tiene una vocación de popularidad y de gran divulgación, van a saber quién es Gracián. Y sorprende que Gracián, en el año 2006 o 2007, no es conocido en España, y ha sido best seller dos años antes en Estados Unidos.

 

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