Principal

Diario YA


 

Editorial: "El triunfo del mal"

El terrorismo islamista ha vuelto a aparecer, esta vez en India, de manera tan dramática como suele, aunque quizá en un contexto inesperado. Un centenar largo de seres humanos que han pagado con sus vidas el radicalismo, el salvajismo de esta gente que carece de aquello que puede considerarse común en el hombre, y que no es otra cosa que el instinto de conservación de la especie. Se trata de matar mucho, cuanto más mejor.

En el comportamiento de los terroristas se advierte su intención de pasar casi por profesionales del oficio de matar indiscriminadamente y causar terror. Es el oficio de terrorista, que como vemos puede llegar a ser tomado como un trabajo muy serio. Se elige un lugar, se planea el atentado, se calculan las consecuencias, y a partir de ese momento el prójimo ya no es tal, sino un pedazo de carne que hay que reventar, porque la sangre cotiza al alza en el mercado del odio.

Nada hay de nuevo en los atentados de India en relación a otros anteriores que llevan el sello inconfundible de Osama Bin Laden. Sin embargo, cada vez sorprende más la tibia reacción internacional, la indolencia, el fatalismo, la cobardía y la impotencia. El mundo civilizado se resigna a que estos indeseables maten como y cuando quieren, y ante la sangre inocente derramada reacciona (reaccionamos) con una frase desesperante: "No podemos hacer nada".

Es decir, se acepta que nuestros sesudos politólogos, que nuestras prestigiosas democracias, que nuestros impolutos sistemas de derechos y libertades, que nuestras maravillosas leyes son nada, filfa, cuando se trata de impedir la comisión de este tipo de masacres. Toda la respuesta que somos capaces de dar como civilización es el conformismo indigno o propuestas tan originales como estúpidas, entre las que cabe señalar la Alianza zapateril de Civilizaciones.

En las últimas 24 horas, no ha habido ni una sola reacción contundente, ni una frase que indique un cambio en nuestro forzado papel de corderos degollados. Tibieza, tópicos y mucha cobardía. Un triunfo, sin duda, para la progresía internacional, que ya tiene el mundo que siempre soñó, el planeta donde mandan los demenciados, los desquiciados, los asesinos; el mundo que la ilustración liberal ha puesto en manos de la infamia para que lo convierta en ceniza.

Sábado, 29 de noviembre de 2008.

Etiquetas:editorial